La canoa del pescador

La canoa del pescadorA Ahuizotl le encantaba escuchar las leyendas mexicanas indígenas que le contaba su padre antes de irse a la cama. Eran crónicas en las que sus ancestros fueron testigos de cosas fantásticas o sobrenaturales.

Una de sus predilectas comenzaba contando las peripecias que había tenido que pasar un humilde pescador, para conseguirse una embarcación. Primeramente, eligió los maderos más fuertes que encontró, para que la canoa quedara fuerte y no se tambaleara con las olas del mar.

Vale la pena resaltar el hecho de que la totalidad de la madera usada en la construcción de esa nave, fue recogida del suelo. Es decir, eran trozos que bien los rayos o la sequía habían arrancado de la tierra, ya que Ahuizotl como amante de la naturaleza no quería lastimar con sus herramientas a ningún ser viviente.

Desde luego, muchos de ustedes dirán: ¿entonces por qué se dedicaba a pescar? Muy sencillo, el nombre que le dieron sus padres, estaba ligado directamente a las criaturas que viven en el mar. No olvidemos que Ahuizotl significa bestia proveniente del agua.

Además la pesca no es una actividad destructiva, siempre y cuando se haga de manera responsable.

Por su parte,
Ilhuicóatl uno de sus vecinos que se caracterizaba por tenerle un odio enraizado a la familia de Ahuizotl, tomó la determinación de robarle la canoa a este último y así propiciar que tanto él como sus seres queridos quedaran sumidos en la miseria.

En una madrugada, esperó pacientemente a que Ahuizotl fuera por sus redes. Subió a la embarcación y remo velozmente hasta que se alejó bastante de la orilla. Aunque su primera intención era destruir la nave, después pensó que podía sacarle provecho si la utilizaba para pescar.

Mientras todo eso pasaba, Ahuizotl fue a contarles a sus amigos lo que le había pasado. Uno de ellos se le acercó y le comentó:

– Yo vi esta mañana a Ilhuicóatl en tu canoa, se dirigía hacia el norte. Vamos en la mía y así tal vez le demos alcance.

Para ese tiempo, Ilhuicóatl ya tenían la embarcación repleta de peces de todos colores. De repente, se escuchó un estruendo en la barca se volcó dejándolo a él bajo el agua sepultado por los peces.

Cuando llegó Ahuizotl al lugar, sólo vio el cuerpo de su enemigo flotando inerte en el mar.

Hay quien dice que fueron los peces quienes le hicieron pagar con su vida a Ilhuicóatl por sus malas acciones.

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